vulnerabilidad

EL PODER DEL VÍNCULO

El poder innegable de la unión, de los lazos que creamos a través del corazón y que son, sin duda, un reflejo de nuestra energía femenina, muchas veces prohibida y, demasiadas veces, cuestionada, no solo por las viejas y temerosas estructuras, sino por nosotros mismos. En algún momento dijimos sí al miedo a entregarnos. Acordamos protegernos de la incertidumbre propia de la vida, rechazamos nuestra vulnerabilidad como elemento clave para el desarrollo de nuestra creatividad. Aprendimos a llevar siempre traje, nos olvidamos del placer de vivir desnudos, del contacto de nuestra piel con otra piel. Comenzó a asustarnos el tiempo vacío de deberes y de quehaceres. Nos alejamos del poder que existe en el sentir, en el vínculo y la conexión. Bloqueamos el recibir y la intuición. Aprendimos a ser súbditos del control.

Transitamos por un largo periodo de sequía. Hombres y mujeres hemos creído y crecido en el desierto del hacer, del tener que, del buscar, de la individualidad. La productividad ha desvalorizado, hasta aniquilar, el poder que se esconde en el no hacer. Hemos demonizado, básicamente por miedo, el gran valor que tiene la vulnerabilidad, los vínculos y los afectos.

Nuestra conexión con la vida y con los otros se lleva a cabo desde el sentir. La capacidad para vincularnos es la esencia de nuestro Yin. Debemos nutrir, valorar y ensalzar los vínculos porque solo a través de ellos podemos acceder al verdadero sentido de la vida. El reconocimiento de nuestra individualidad es el paso previo y necesario para, después, podernos vincular. Lo que ha ocurrido es que en vez de utilizar el descubrimiento del yo para reconocernos como seres completos y así poder abrirnos al descubrimiento del “nos”, lo hemos usado para construir un armazón de excesiva autonomía y de no necesidad. Por supuesto que no deberíamos depender de los otros para ser y sentirnos completos; por supuesto que no somos mitades a las que les faltan partes, por supuesto que no. Pero sí debemos reconocer que, el siguiente paso, después de vernos como individuos completos, es el de vincularnos para trascender.

Si no hemos hecho nuestro proceso de individuación, creeremos que necesitamos a los otros para ser felices y, entonces, no podremos generar verdaderos vínculos que nos permitan descubrir lo que está más allá de nuestra individualidad, tampoco les daremos el valor que merecen, ni podrán ser el vehículo para nuestro crecimiento y transformación. Sin embargo, si hemos aprendido a no necesitar y a reconocernos autónomos y capaces, es cuando el poder del vínculo podrá cobrar sentido. ¿Por qué? Porque desde la puesta en valor de lo que soy, puedo descubrir el gran valor de lo que somos. Porque no necesitamos a los otros para ser y sentirnos completos, pero sí para darnos cuenta de que, además de lo que somos, podemos, debemos y necesitamos ser mucho más. Los vínculos nos permiten trascender la individualidad previamente alcanzada. Nos llevan a descubrir el poder escondido que habita en el “nosotros”. Nos conectan a un sentido más elevado de la vida.

Son los lazos y los vínculos los que nos hacen sentir que estamos vivos.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Annie Spratt

Photo by Annie Spratt

VULNERABLE

Frágil, humano, accesible, imperfecto. De corazón.

Quizá nunca has imaginado lo poderoso que es permitirte ser vulnerable. Quizá, has creído que vulnerabilidad era sinónimo de debilidad. Quizá, el aislamiento en el que vives es consecuencia, precisamente, de no dejarte ser desde tu vulnerabilidad. Quizá, solo quizá, es hora ya de aprender a reconocerte como un ser humano completo, imperfecto, con corazón, con necesidades, con vergüenzas, con carencias. Eso es la vulnerabilidad. Ser con aceptación y con todas las consecuencias. 

Y en realidad, esa vulnerabilidad de la que te hablo no es una elección, es un camino necesario. Es el proceso de reconocerte vivo, humano, abierto a esta experiencia desde el único lugar posible, el corazón. 

El miedo que tienes a ser vulnerable es peligroso y proporcional al miedo que tienes de ser tú.

Ser vulnerable es ser uno mismo. Es, pese al miedo, abrirte en canal y gritar: todo esto soy yo. Ser vulnerable es exponerte y que te de igual. Sin duda, es confiar. Es humanizarte. Es aceptar tu fragilidad, tus sentimientos, tu imperfección y tus miedos. Es el proceso de hacerte perfecto de corazón. La vulnerabilidad representa la capacidad que tienes para ser todo lo que eres desde la aceptación; es, seguro, lo que te permite la conexión con la vida y con el latir del otro. 

Vulnerable es ser sincero, es estar abierto aunque eso te pueda hacer temblar. La vulnerabilidad es el camino para despertar el poder personal. Porque solo desde el corazón, desde la abertura total y desde la confianza plena en que todo lo que somos es válido, necesario y suficiente, podremos ser fuertes, capaces y poderosos. Porque podremos transformar nuestra flaqueza en fortaleza. Porque nos sentiremos vivos de verdad. Porque la vulnerabilidad es hermosa, creativa, reveladora y necesaria. Porque esta experiencia nos invita, cada vez más, a mostrar nuestro poder y nuestra vulnerabilidad.

Feliz presente, 

Almudena Migueláñez.

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